ARS
De BurbuWiki
Los ARS, la nueva amenaza que acecha la solvencia bancaria
21/02/2008 Fuente: cotizalia
Una nueva marea roja amenaza con contaminar una buena parte del sistema financiero: las auction-rate securities o ARS. Su génesis la recoge muy bien el Up & Down Wall Street de Barron´s de esta semana.
En esencia se trata de ofrecer a los que sufren necesidades temporales de liquidez, desde estudiantes a hospitales, financiación a largo plazo pero con tipos de corto. Esta fantasía financiera se logra mediante el establecimiento de un sistema de subastas que permiten renovar el importe de la deuda en el plazo fijado de antemano que puede variar desde una semana a, a lo sumo, poco más del mes.
Se trataba, hasta ahora, de un mercado líquido en el que, en cualquier momento, uno podía cancelar su crédito titulizado de forma tal que, si en ese momento no había contrapartida que se hiciera con él, lo asumía la entidad bancaria gestora de la subasta a la espera de poder colocarlo en la siguiente puja.
Es verdad, había un clausulado, se pensaba, de imposible aplicación, consistente en que cuando no había demanda para el crédito vencido, los tipos de interés se multiplicaban automáticamente, hasta por cuatro en algunas ocasiones. Pero, ¿cómo iba a ocurrir? Prácticamente no se había dado el caso. ¿Cómo era esto del Cisne Negro?
Sin embargo, la semana pasada las auction-rate securities han estado en primera plana de la información financiera norteamericana. El mercado, que parecía ordenado y eficiente, se colapsó de repente ante la negativa de entidades como UBS o Merril Lynch a cumplir su papel de contrapartida, temerosos de acumular riesgos adicionales en sus ya de por sí deteriorados balances y de que las garantías aportadas por los monolines o aseguradores de bonos se quedara en papel mojado.
Un mercado de 325.000 millones de dólares según Moody´s que se situaba en la cuerda floja y que provocaba de nuevo el nerviosismo en la comunidad inversora.
No era para menos. En la subasta semanal del pasado 12 de febrero, la autoridad portuaria de Nueva York se veía obligada a pagar un interés del 20% por una deuda no renovada de 100 millones de dólares ante la negativa de Goldman Sachs a cumplir sus compromisos no escritos. Siete días antes había pagado el 4,3%. Aunque se trata de una situación aparentemente puntual (ayer se situaron en el 8% ante el interés mostrado por algunos hedge funds por este tipo de activos), sin embargo las implicaciones de esta marea roja, tal y como la define el propio Barron´s, son de enorme interés.
Y es que las auction-rate securities se habían convertido en un modo habitual de financiación de gran parte de los servicios públicos estadounidenses que han visto como, sólo en la semana pasada, sus costes de acudir a este tipo de mecanismos se disparaba del 4,03% al 6,59%, toda vez que el 50% de las ofertas quedaban desiertas.
Entre 15.000 y 25.000 millones de dólares se subastan cada día según datos de JP Morgan. Las consecuencias no se van a hacer esperar. Ya anunciaba ayer Bloomberg cómo este repunte va a provocar que se disparen desde los peajes de las autopistas a los honorarios de los servicios médicos, -en un momento en el que lo último que necesita Estados Unidos es un repunte en el precio de los servicios públicos-, efecto de la necesidad de esas instituciones de repercutir los mayores intereses soportados. Del mismo modo la disponibilidad financiera del colectivo universitario se reduce dramáticamente, dificultando las posibilidades de los estudiantes con menores ingresos de costearse sus estudios. Una manifestación más de la irresponsabilidad financiera sobre la economía real.
Muchos fondos de inversión que utilizaban este tipo de valores para obtener una rentabilidad adicional a sus carteras de corto plazo se han visto también afectados. Nuevo jarro de agua fría para esos enhanced monetaries que ven cerrarse los grifos de las fuentes en las que bebían a la vez que acumulan activos de difícil salida dentro de su patrimonio. Sin embargo, lo importante es, una vez más, que en esta caída de fichas de dominó que supone la actual crisis financiera, las consecuencias de la avaricia de los banqueros y la ingenua confianza y desconocimiento de los originadores inducidos de esos activos se han traducido en un perjuicio generalizado que debería descartar, de partida, cualquier tipo de rescate directo o indirecto por parte de los supervisores y de las autoridades monetarias. Pero como casi siempre llegas tarde, McCoy, llegas tarde.
“Conforme pasan los días, la crisis de crédito se parece, cada vez más, a una pavorosa marea roja que se expande silenciosamente e intoxica las aguas de las costas a las que alcanza, dañando o matando todo aquello que flota, nada o se desplaza por ellas. Y, mientras, el señor Bernanke, aplaudido por una multitud fervorosa de miembros de Wall Street, recuerda al Rey Knut” (que unificara la Inglaterra en manos de los vikingos) “pidiendo a la marea que se detenga” (este rey, extraordinariamente religioso, es recordado por meter su trono en las aguas del Atlántico y desde allí gritar a la marea que no subiera. Cuando le alcanzaron las olas pronunció su célebre “que todos los hombres conozcan la limitada fuerza de los reyes; sólo Dios es merecedor de ese nombre ya que la tierra, el mar y el viento le obedecen”).
“La última víctima del creciente y virulento colapso del crédito es el mercado de las ARS o auction rate securities” (literalmente, activos que fijan su tipo en subasta). “Se trata de otra de esas oscuras contribuciones al mundo financiero de los banqueros de inversión, capaces de crear cualquier producto a medida que satisficiera de forma rápida y rentable la perentoria necesidad de los grandes receptores de capital, desde las organizaciones que prestan a los estudiantes hasta las autoridades portuarias de una u otra costa de los Estados Unidos”.
“Como cualquiera de los demás artilugios diseñados para enriquecer a los miembros de Wall Street, el mercado de las ARS fue concebido sobre la fantasía de que los prestatarios podían pedir prestado a largo plazo a tipos de la financiación a corto. Y la magia que les permitiría lograr la cuadratura del círculo sería permitir que la deuda se renovara mediante subastas a un plazo acordado de antemano, desde una semana a poco más de un mes”.
“Se suponía que el mercado era extremadamente líquido, de modo tal que el receptor de los fondos podía cancelar la deuda cuando quisiera simplemente vendiendo el crédito en la subasta. Y de hecho, así era. Si alguna subasta no se completaba, el tipo de interés se disparaba de forma muy dramática, llegando a cuadruplicarse en algunas ocasiones. Pero nadie contemplaba siquiera la posibilidad de que algo así ocurriera.

